El camino hacia El Dorado

La película comienza en los tiempos míticos cuando los dioses construyeron la ciudad que se le conoce como El Dorado, un pueblo lleno de oro y un paraíso terrenal como obsequio para los humanos, prometiendo regresar para purificar la ciudad.

En España en el año 1519, el mismo año en que Hernán Cortés (Jim Cummings) emprende el viaje al Nuevo Mundo, Miguel (Kenneth Branagh) y Tulio (Kevin Kline) son dos jóvenes que se dedican a robar y engañar para ganarse la vida. En un juego de dados ganan un mapa que muestra la ruta hacia El Dorado, pero al verse descubierta su trampa se ven obligados a escapar. Por azares del destino, terminan encerrados en el barco del ambicioso Cortés, ahí encuentran a Altivo, un inteligente caballo que les ayudará a escapar en una balsa. Pasan varios días a la deriva en el mar y, cuando creen que van a morir, finalmente llegan al Nuevo Mundo.

Siguiendo los indicios del mapa llegan a un lugar donde solamente encuentran una piedra enorme, lo que los desilusiona. Comienzan a discutir y en ese momento llega Chel (Rosie Perez), una bellísima nativa que acaba de robar un objeto de oro del templo. Los soldados que perseguían a Chel ven a Miguel y a Tulio montados en Altivo y piensan que son los dioses que, según la profecía tallada en la roca, llegarían a purificar al pueblo maya. En el pueblo los reciben con grandes honores, especialmente el sacerdote Tzekel-Kan (Armand Assante) y el jefe Tanabok (Edward James Olmos), quienes compiten por "comprar" el cariño de los dioses: el primero insiste en ofrecerles sacrificios de sangre, creyendo que eso les agradará; mientras el segundo los obsequia con toda clase de objetos de oro. Los falsos dioses prefieren las ofrendas proporcionadas por el jefe y le piden un barco para poder volver a España con sus tesoros. Chel descubre la farsa y Miguel y Tulio se ven obligados a darle parte de la riqueza y la promesa de que la llevaran con ellos, a partir de ese momento, Chel se convierte en su aliada y los guía por el mundo maya y sus costumbres. Uno de los pocos días que permanecen allí, juegan a Pitz, un juego que consiste en meter una "pelota" en un pequeño círculo a los dos lados de las paredes con los codos, piernas o la cadera. Miguel y Tulio ganan, pero el sacerdote les comunica que el grupo perdedor será sacrificado; de nuevo, los "dioses" se oponen y Tzekel-Kan nota que uno de ellos está sangrando, es decir, que en realidad no son dioses.

Después de crear un monstruo que aterroriza la ciudad, el vengativo sacerdote es vencido y se encuentra, desafortunadamente, con Hernán Cortés y creyendo que éste era el verdadero dios, lo conduce hasta la entrada de la ciudad. Miguel, Tulio y Chel deciden ayudar a los mayas, ideando Tulio un plan para sellar la entrada de El Dorado, logrando así salvar la ciudad, aunque pierden buena parte de su fortuna. Tzekel-Kan llega junto a Hernán Cortés a la entrada cuando ya ha sido cerrada y éste lo condena a muerte. Así, Miguel, Tulio, Chel y Altivo se marchan, a la intemperie de la selva, en busca de nuevas aventuras.